Expedición al Paso de las Pircas

Tipo de actividad :  EXPEDICIÓN 

Fecha:  18 al 25 de febrero de 2007

Lugar / Objetivo : Paso Las Pircas – Cerros Solari, Roth y Reichert - Cordillera Ferrosa – Región Metropolitana
Participantes: DAV :  Ulli Sandner, Alvaro Vivanco y Eduardo Jofré
Arriero: Juan Carlos Valenzuela

Lee aquí el relato de esta expedición

 

Meier habría llegado hasta él a caballo en 1957. A continuación habría ascendido el cerro Reichert, ubicado un poco al norte del paso y al día siguiente el Solari y el Roth ubicados al sur de este mismo. La descripción señalaba que ambas ascensiones habían sido fáciles. Nuestro propósito era, 50 años más tarde, repetir esta excursión. Buscando información sabíamos que esta había sido repetida en muy pocas ocasiones, que se trataba de una zona casi olvidada por el montañismo. En 1955 viniendo desde Argentina, el mismo Meier subió a caballo hasta el paso y desde él realizó la quinta ascensión al cerro Solari y la segunda al Roth. En esa ocasión descendió hacia el lado chileno de la cordillera para juntarse más abajo en el valle con su arriero.

Revisando la historia

Ordenando la biblioteca del DAV de Santiago habían caído en mis manos unos relatos de excursiones del ya mítico Eberhard Meier, una de las grandes figuras del DAV y sin duda uno de los más grandes montañistas que ha tenido Chile, quien entre otras cosas se anotó en la historia por sus más de 20 primeras ascensiones. Entre estos relatos había uno que me llamó la atención, el Paso de las Pircas.

Meier habría llegado hasta él a caballo en 1957. A continuación habría ascendido el cerro Reichert, ubicado un poco al norte del paso y al día siguiente el Solari y el Roth ubicados al sur de este mismo. La descripción señalaba que ambas ascensiones habían sido fáciles. Nuestro propósito era, 50 años más tarde, repetir esta excursión. Buscando información sabíamos que esta había sido repetida en muy pocas ocasiones, que se trataba de una zona casi olvidada por el montañismo. En 1955 viniendo desde Argentina, el mismo Meier subió a caballo hasta el paso y desde él realizó la quinta ascensión al cerro Solari y la segunda al Roth. En esa ocasión descendió hacia el lado chileno de la cordillera para juntarse más abajo en el valle con su arriero.

El Paso de las Pircas fue habilitado durante la colonia por Ambrosio O’higgins para conectar a Santiago con Mendoza. Habría sido usado en numerosas ocasiones por Manuel Rodríguez para traspasar información a San Martín. Debido a su altura de casi 4.900 m, fue descartado para el paso del ejército libertador. Tras de la independencia fue usado ocasionalmente por contrabandistas y con el tiempo cayó en el abandono.

Foto 1.- Foto de una expedición de Wolfgang Foerster al Paso de las Pircas del año 1951. Como se puede apreciar, los caballos llegaron al paso y había abundante nieve en él.

Tras las huellas de Eberhard Meier

Al día siguiente de nuestro obligado bivac, pensando en que definitivamente nuestro arriero no había dado señales de vida, decidimos volver. Para gran sorpresa nuestra, justo en el Paso del Cepo, a más de 4.000 m de altura nos encontramos con Eduardo, un arriero, caballos, mulas y nuestras queridas mochilas. A pesar de nuestro desanimo y a la pérdida de tiempo decidimos volver y continuar la expedición. Ese día bajaríamos hasta el campamento en la vega Casa de Piedra, a unos 2.400 m junto al río Olivares. Para llegar hasta allá descenderíamos junto al estero Cepo o Paramillo por un valle estrecho, pero aún así poblado de vacunos.

Antes de llegar al final del valle fue necesario atravesar el río hacia el norte hasta llegar a un filo donde por primera vez veríamos el valle del río Olivares. La vista fue impresionante. Nos sentimos como si estuviéramos en Pakistán o en algún otro país lejano. Abajo se veía el ancho valle, recorrido por un enorme río color barro y que al fondo, como sacados del Karakorum, lo presidían tres gigantes glaseados: el Nevado del Plomo, el Risopatrón y el Tronco.

Foto 2.- Primera vista hacia el valle del río Olivares. Al fondo, el Nevado del Plomo, el Risopatrón y el Tronco.

Una vez en el campamento, Eduardo nos comunicaría que había decidido no acompañarnos hasta el Paso de las Pircas. En el descenso había sufrido dos caídas desde su caballo, que pudieron traer consecuencias mucho peores. El camino hacia las Pircas en teoría debía ser más difícil. De esta forma partimos al día siguiente con nuestro arriero, dejando un rezagado atrás. Nuestro propósito era llegar lo más arriba posible en el valle del estero de las Pircas hasta un lugar donde se pudiera acampar ojalá con agua cercana.

Luego de unas 7 horas de caminata llegamos a una explanada sacada de otro planeta. Sin vegetación era un desierto surcado por numerosos lechos de ríos secos. En uno de ellos instalamos nuestra carpa y afortunadamente teníamos agua cerca. Estábamos a unos 3.700 m de altura aproximadamente, a los pies del cerro Cincuentenario, que dejaba colgando su glaciar sobre nosotros, y del Reichert y Solari, del cual no alcanzábamos a divisar la cumbre. Desde nuestro campamento podíamos apreciar un zigzag o caracol como lo llamaba el arriero que debía subir hacia el paso. Nuestro arriero decidió bajar y acampar en algún lugar con vegetación para darle comida y descanso a sus animales.

Foto 3.- Nuestro campamento en terreno desértico a los pies del Paso de las Pircas

Solos, Ulli y yo decidimos atacar al día siguiente sin tener claro si íbamos a intentar el Reichert o el Solari. Salimos como a las 6 de la mañana. Las primeras 2 horas transcurrieron tranquilas por una huella que logramos descubrir en su mayor parte. Luego de esto, ya acompañados por el sol y con una grandiosa vista al grupo de Plomo y su cara más desconocida, la huella se nos perdió y las dificultades volvieron. Intentamos subir por acarreos interminables y agotadores que luego de otro par de horas no nos habían acercado mucho a nuestro objetivo y sí nos habían quitado mucho de nuestras fuerzas.

Foto 4.- Vista desde el este hacia el grupo del Plomo, poco antes del amanecer

Más adelante logramos encontrar algo parecido a una huella y tras algunos gateos y mucho acarreo llegamos a un punto en que se distinguía con claridad el filo en el que debía estar el paso. En lugar de dirigirnos directamente al que creíamos era el paso, nos fuimos un poco más al norte hacia otro portezuelo con la idea de atacar desde ahí el cerro Reichert, que por ser más bajo creíamos más accesible. Para nuestra sorpresa y contraviniendo los mapas que habíamos revisado de la zona, el portezuelo al que llegamos sí era el buscado Paso de las Pircas. Un hito señalaba la frontera y una arenosa bajada sin ningún rastro de camino invitaba a bajar hacia la hermana república Argentina.

Foto 5.- El Paso de las Pircas. En primer plano el hito. Al fondo  el cerro Solari

En el paso intentamos recuperar fuerzas y asimilar lo que se nos presentaba. Hacia el sur seguía el filo que debía rematar en la cumbre del Solari. Hacia el este, primero venía una bajada hacia Argentina, luego un valle muy seco y a continuación, debido a la vuelta que da la frontera, más montañas, tras las cuales nuevamente está Chile. Este grupo de montañas que van desde la Catedral del Polleras hasta el Polleras pasa por el mítico Chimbote, que no nos impresionó tanto como al verlo desde el otro lado. Más atrás de este cordón, por supuesto, el Tupungato y los cerros aledaños a él. La vista hacia el norte comenzaba, en primer lugar, por la Punta Chuncho, que debía estar unos 150 m más alta que nuestra posición. Esos 150 m no se veían fáciles de superar. A continuación venía el Reichert, que tras la Punta Chuncho presenta un filo de aparente fácil ascenso. El filo a continuación del Reichert llega hasta el desconocido cerro Cincuentenario y se pierde entre cumbres desconocidas y poco visitadas hasta el gran Tronco.

Foto 6.- Vista desde el Paso hacia Argentina

Con ganas de haber tenido más tiempo para explorar los alrededores al día siguiente volvimos con el arriero, quien vino a buscarnos a caballo junto a Eduardo, a nuestro campamento en la vega Casa de Piedra. La subida al Paso del Cepo y la caminata hasta el sector de Tres Puntas donde estaba el auto decidimos hacerla en 2 días, lo que el tiempo más tarde también nos diría que fue una decisión correcta, pues los dos días siguientes estarían nublados y con nevadas a partir del mediodía.

El regreso en auto desde Tres Puntas hasta el hotel de Valle Nevado, demostró tal vez ser la parte más difícil de toda la excursión debido a las nevadas de los últimos 5 días. Pero eso es otro tema.

Reflexión

Ya en Santiago no podíamos dejar de maravillarnos por lo que habíamos visto y de sorprendernos por lo abandonada que está esa zona, especialmente por los montañistas quienes raramente la visitan. Para nuestro asombro, pudimos comprobar que 50 años más tarde no existe una mejor información, ni mejores vías de acceso hacia ella.

Al contrario, hoy todo es más confuso, y se hace cada vez más difícil encontrar las sendas correctas, utilizadas por aventureros montañistas y arrieros de antaño.

Tal vez hace 50 años un arriero no habría dejado abandonados a su suerte a sus clientes.

Tal vez hace 50 años había nieve suficiente para atravesar la ladera de la Punta Chuncho con seguridad, haciendo esta travesía mucho más sencilla de lo que es actualmente.

Tal vez..., pero de lo que no nos cabe duda alguna, es que luego de que Eberhard Meier realizó su aventura, debió haber soñado con un futuro muy distinto para todos esos cerros.

¿Por qué los habremos olvidado?

Alvaro Vivanco

Socio DAV

Más fotos se pueden ver acá: Galería de Fotos Expedición al Paso de las Pircas